“Nada mejoró”: El Em3 disecciona la sociedad digital desde el pixel punk

Con “Átomos Pixelados”, El Em3 da un paso decisivo en la consolidación de su universo creativo. Se trata de su primer álbum de larga duración y también de una obra conceptual que articula, desde la ironía y la intensidad emocional, una mirada crítica sobre la sociedad digital contemporánea. A lo largo de 12 canciones, el disco despliega una identidad sonora que cruza lo teatral, el punk, la psicodelia y una estética retrofuturista, todo bajo el concepto de “pixel punk”, eje que ordena tanto el discurso musical como el visual del proyecto.

El álbum profundiza las ideas esbozadas en el EP “Cerros de Cemento” (2024) y se presenta como un recorrido escénico donde cada canción funciona como una escena distinta. Temas como la deshumanización tecnológica, la saturación informativa y las tensiones del presente se expresan a través de canciones pop de alta velocidad, letras agudas y una puesta en escena marcada por el DIY y la autoproducción. “Átomos Pixelados” no solo amplía el alcance artístico de El Em3, sino que también reafirma su lugar dentro de la escena penquista y nacional.

“Átomos Pixelados” se presenta como una obra conceptual. ¿En qué momento sentiste que el disco debía pensarse como un recorrido narrativo y no solo como una colección de canciones?

Hacia el final de la producción del LP me invadió una nostalgia noventera. Recordé que muchos de los discos con los que crecí incluían pequeños tracks que cumplían una función distinta a la de las canciones tradicionales. Eso siempre me gustó, porque hacía la obra más integral. También apareció una conexión muy fuerte con la teatralidad: la idea de que el disco pudiera escucharse como una obra de teatro, con transiciones, climas y momentos que dialogan entre sí.

El concepto de “pixel punk” aparece como eje central del proyecto. ¿Cómo lo definirías y de qué manera dialoga con tu forma de entender la música y la escena actual?

Lo defino como el uso de la estética sonora de los videojuegos en canciones con letras agudas que reflexionan sobre la cotidianidad. Son ritmos pegajosos y bailables, pensados para niños de los 90 que nunca dejaron de reclamar porque nada mejoró… sino todo lo contrario. Es una forma de canalizar frustración y crítica desde un lenguaje pop, lúdico y directo.

El disco mezcla ironía, rabia, ternura y dolor. ¿Cómo fue el proceso de equilibrar esas emociones sin que una anule a la otra?

Creo que eso fue lo que más disfruté de hacer un álbum largo: entender el color emocional de cada canción. El orden no fue aleatorio; siempre lo pensé como un viaje narrativo. Como alguien que empieza a jugar un videojuego de aventura: entra a un mundo, escoge un personaje, recorre una ciudad, genera vínculos, lo pasa bien, lo pasa mal, se equivoca, se enamora, se equivoca, aprende y finalmente sale del juego. Toda esa fantasía se quiebra con lo familiar, que aparece en la última canción del disco. Es como cuando eras chico y estabas jugando Super Nintendo de lo mejor y te decían: “ya, apaga eso, vamos a almorzar”.

Varias canciones abordan la deshumanización tecnológica y la infoxicación digital. ¿Desde dónde nace esa preocupación y cómo se traduce en tu escritura?

Basta con mirar el presente. Lamentablemente, pareciera que los imaginarios distópicos avanzan más lento que la propia realidad. A veces pienso que no hay nada peor que esto. La preocupación nace de lo que veo a diario: guerras, presidentes tontos y un pueblo dormido. En la escritura intento ser lo más directo posible, aunque a veces la realidad es tan absurda que aparece lo indirecto, la ironía, porque ya es el colmo… ¿o no?

“Rock Penquista S.A.” plantea una crítica directa a la escena local. ¿Qué reacciones esperas generar con esa pregunta sobre el “salvador del rock penquista”?

Risa incómoda. Ese “oh, lo que dijo”. Pero hablando en serio, la gente que trabaja dentro de la escena va a entender perfectamente de qué se habla. En cambio, quienes no conocen el oficio quizás se pregunten: “¿por qué dice esto?”. Y eso me parece muy interesante, porque permite visibilizar el contexto y las dinámicas de esta industria musical.

En “Fantasma Ciber Espacial” aparece la inteligencia artificial y la distancia entre las personas. ¿Qué rol crees que la ficción cumple para hablar de estos temas sin caer en el discurso literal?

Me gusta crear personajes ficticios porque vuelven las historias más luminosas y lúdicas. En este caso, se trata de un desencuentro amoroso adolescente con un personaje que en realidad no existe: una relación afectiva con lo falso, una idea que no podría describir mejor esta época. La ficción cumple un rol clave en el disco; me interesa hablar de la realidad, pero también habitar situaciones imaginarias, como ocurre en “Robot a Parafina”, “Fantasma Ciber Espacial” o incluso en mi primer EP con Payaso Volador.

La filosofía DIY atraviesa todo el proceso del álbum. ¿Qué libertades y qué dificultades te dio asumir la autoproducción casi total del disco?

La principal libertad del DIY es la independencia absoluta, especialmente en el tiempo. Poder grabar todo el día en el home studio, sin los costos de un estudio profesional, reduce mucho el gasto total del álbum. Pero también es un arma de doble filo: uno podría perfeccionar detalles infinitamente en la postproducción hasta volverse loco. Por eso es clave planificar bien cuándo cerrar cada etapa. Además, esta es mi primera experiencia produciendo un álbum largo. En algún momento pensé en trabajar con un productor con más experiencia, pero también lo vi como una oportunidad para definir y mostrar mi propio sonido.

Después de la experiencia en escenarios nacionales e internacionales, ¿cómo imaginas la proyección en vivo de “Átomos Pixelados” y qué te interesa provocar en el público desde el escenario?

Lo imagino como la carta de presentación debut de la banda: un álbum completamente independiente, que refleja un posicionamiento político sobre cómo hacer música. Me interesa que en vivo la energía esté siempre arriba, que el público pueda liberarse a través de ritmos de alto BPM, colores vivos y letras con sentido.

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